Angela Merkel deja las riendas de Alemania luego de más de 16 años como canciller

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“Merkel debe irse” se oía en las manifestaciones contra la inmigración antes de las elecciones de 2017. Pero ahora, con la retirada de la canciller Angela Merkel, el partido de ultraderecha alemán AfD perderá a su chivo expiatorio favorito.

Aunque parece haber perdido apoyos desde 2017, y ahora se sitúa en torno al 11%, el partido –cuyas siglas significan Alternativa para Alemania– se ha arraigado firmemente en el panorama político del país.

Pero ahora, cuando el “Merkel debe irse” ya no parece relevante, el partido antiinmigración y antisistema tiene que dirigir su ira hacia otra parte.

La AfD culpa a Merkel de la “inmigración ilegal masiva” tras su decisión de 2015 de dejar las fronteras alemanas abiertas a los refugiados que huían de Siria e Irak, así como del “costoso” abandono de la energía nuclear y de los “interminables rescates financieros” a los países del sur de Europa.

El mal personificado

Fundado en 2013 como un partido antieuro, el AfD aprovechó la xenofobia y el sentimiento antiislamista, especialmente en la antigua Alemania del Este, para obtener el 12,6% de los votos en 2017.

Pero con el cambio de prioridades políticas en Alemania, el partido ha tenido que reinventarse.

No se trata de Merkel como persona, sino del sistema que representa”, dice Christoph Berndt, jefe de Zukunft Heimat (Patria del Futuro), un grupo de extrema derecha de Brandeburgo, un antiguo estado de Alemania del Este.

Podemos sustituir fácilmente ‘Merkel debe irse’ por ‘Laschet debe irse’, ‘Scholz debe irse’ o ‘Baerbock debe irse'”, dice, en referencia a los tres principales candidatos a sustituir a Merkel como canciller: Armin Laschet de la CDU de Merkel, Olaf Scholz de los socialdemócratas de centro-izquierda (SPD) y Annalena Baerbock de los Verdes.

En su opinión, el movimiento solo habrá logrado su objetivo “cuando sus decisiones políticas hayan sido revocadas y Merkel sea considerada responsable política y, si es necesario, legalmente”.

Al no cerrar las fronteras alemanas en 2015 cuando los refugiados llegaron a Alemania a través de Hungría y la ruta de los Balcanes, Merkel se convirtió en el mal personificado para la extrema derecha alemana”, afirma Jan Riebe, de la fundación antirracista Amadeu Antonio.

Antisistema

El lema “Merkel debe irse” era “más un eslogan contra el sistema que contra la persona y será transferible a algo más abstracto”, coincide Miro Dittrich, especialista del observatorio de extrema derecha CeMAS.

Puede no funcionar tan bien como tener a Merkel como chivo expiatorio, pero sin duda no conducirá a un debilitamiento duradero de la extrema derecha”, afirma Riebe.

Alemania seguirá siendo calificada como una dictadura y Scholz y Laschet como representantes del sistema de Merkel. Y si Baerbock se convierte en canciller, el odio de algunos puede desbordarse”, añade.

Más allá de las personalidades, la AfD también tendrá que replantearse su enfoque sobre la migración.

Según una reciente encuesta del diario Bild, solo el 20% de los alemanes considera la migración una prioridad, muy por detrás de la protección del clima (35%) o las pensiones (33%).

Además, la AfD se ha visto afectada por las disputas internas entre su franja más radical y los partidarios de una línea más moderada.

Los esfuerzos del partido por atraer a los votantes del importante movimiento contra las mascarillas en Alemania, con miembros que se unen a las concentraciones contra las medidas antivirus, tampoco han dado hasta ahora muchos frutos.

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