La ciudadanía colombiana regresó ayer sábado a las calles -en la onceava jornada de protestas contra el Gobierno de Iván Duque- mientras el país sigue afectado por los bloqueos de vías e inmerso en el debate sobre la violencia policial y la necesidad de una reforma para evitar más asesinatos y abusos.

Las protestas, que volvieron a tomar múltiples calles de las ciudades de forma pacífica, marcharon a ritmo de cumbia en Bogotá, con personas usando el arte como forma de expresión. Los grupos de manifestantes, en su inmensa mayoría jóvenes, salieron en protestas improvisadas y organizadas la jornada anterior, que ya dejan ver el cansancio de once días de movilizaciones sociales que comenzaron pidiendo la caída de la ya retirada reforma tributaria, pero que ahora han abierto el abanico a muchas otras demandas que incluyen acabar con la brutalidad policial.

A pesar de este desgaste, quienes protestan siguen mostrando fuerza e imaginación: un grupo en Bogotá bloqueó una de las calles con sus cuerpos tumbados y tapados con sábanas blancas en nombre de las personas que han perdido la vida en estos días de manifestaciones.

Nuevos reportes de violencia contra civiles

Tras dos días sin ningún reporte de muertes en las protestas, el 7 de mayo vivió una noche con episodios de violencia en la ciudad de Cali, epicentro de las manifestaciones, y en Pereira (oeste). En esta última, capital del departamento de Risaralda, se volvieron a vivir escenas de disparos de civiles armados contra grupos protestantes pacíficos.

Héctor Fabio Morales, un joven colombiano de 24 años, murió después de ser atacado, en la zona del Museo del Arte, con arma de fuego por supuestos civiles que le hirieron de forma letal en la cabeza.

Algo similar ocurrió en la noche del 5 de mayo, cuando varios hombres armados salieron de un vehículo, dispararon contra un grupo de protestantes e hirieron de gravedad a Andrés Felipe Castaño -quien ha conseguido despertar en el hospital- y Lucas Villa, que se encuentra en una situación crítica y con pronóstico reservado después de recibir hasta ocho disparos en el cráneo.