COVID amplifica la mortalidad en sectores pobres de la región

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Diferencias extremas se observan en distintos países latinoamericanos al revisar la mortalidad de pacientes de COVID-19 que fueron atendidos en clínicas privadas o en hospitales públicos en grandes urbes. Detrás de las cifras se constata la realidad de la región más desigual en ingresos y urbanizada del mundo, donde el 80%, esto es más de 500 millones de personas, vive en ciudades.

En Chile, el Centro de Investigación Periodística (CIPER) reunió datos de diferentes recintos de la capital y constató que “las diferencias son abismantes”. En junio pasado, cuando el país sudamericano registraba su peak de contagios, la publicación señaló que las cifras de los establecimientos públicos prácticamente duplicaban, en términos generales, las de los centros privados y “algunos hospitales públicos llegan a quintuplicar la tasa de mortalidad de los privados”.

Los casos más extremos, según CIPER, eran el Hospital Padre Hurtado (25,1% de mortalidad) y Clínica Las Condes (5%). “Un paciente con COVID atendido en un hospital tiene más probabilidades de morir que uno internado en una clínica”, alertaba.

En México, en tanto, el investigador Héctor Hiram Hernández, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, presentó un estudio que muestra que mientras en clínicas privadas fallece el 4,4% de los pacientes con COVID, en instituciones estatales esa cifra es muy superior: 18,6% (Instituto Mexicano del Seguro Social) y 16,6% (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado). Es decir, unas cuatro veces más.

Dime dónde naces y te diré cuánto vives

Las desigualdades propias de los países latinoamericanos determinan condiciones de vida muy diferentes para quienes provienen en los sectores más ricos o más pobres.

Un estudio de la organización Salud Urbana en América Latina (SALURBAL), publicado en la revista Lancet en noviembre de 2019, muestra por primera vez las diferencias en el promedio de la expectativa de vida al nacer en diferentes barrios de seis grandes urbes: Buenos Aires, Belo Horizonte, Santiago, San José, Ciudad de México y Ciudad de Panamá.

La gran variabilidad encontrada al interior de las ciudades no es aleatoria, sino que está directamente relacionada con el estatus socioeconómico: quienes tienen uno más alto, y se concentran en determinados barrios, tienen una mayor esperanza de vida al nacer.

En Santiago, un hombre de un barrio rico vive 8,9 años más que uno de un barrio pobre. En el caso de las mujeres, la diferencia es todavía mayor: 17,7 años. En Ciudad de México, las diferencias en promedio son de 10,9 años para los hombres y 9,4 para las mujeres. Algo menos desiguales son Buenos Aires, donde 4,4 es la brecha en el caso masculino y 5,8 la femenina; y San José, 3,9 y 3 años, respectivamente.

COVID amplifica las desigualdades

La salud basal y enfermedades preexistentes como obesidad, hipertensión o diabetes, así como el peor acceso a la salud, son factores de riesgo que aumentan la mortalidad en los sectores de menos recursos. También es una desventaja que los hospitales públicos a los que acceden cuentan con recursos más limitados, menos personal, camas y ventiladores por pacientes, que las clínicas de comunas más pudientes.

Un análisis de Ricardo Baeza-Yates, director de los programas de postgrado de ciencia de datos de Northeastern University, junto con el físico Alonso Silva, grafica el impacto del coronavirus en las comunas de Santiago de Chile. En las zonas más vulnerables, que tienen una mortalidad mayor que las de mejores ingresos, la pandemia tiene efectos peores. “El COVID amplifica esta situación”, dice a DW Baeza-Yates. Como ejemplo, el académico observa que “la mortalidad en La Pintana -una comuna pobre- es cinco veces más que la de Vitacura -una comuna rica. Es una diferencia brutal”.

Baeza-Yates señala que es importante poner atención al exceso de mortalidad. Es decir, la mayor cantidad de muertes que se observan con respecto a lo esperado en un año normal. Esa cifra, más amplia que los registros oficiales con test PCR, puede explicar el impacto del coronavirus.

“Hay más personas fallecidas por causas vulnerables al coronavirus, como diabetes o hipertensión, y es muy posible que sean casos de COVID que no están contabilizados”, indica. Aun cuando con la pandemia han disminuido los fallecimientos por gripe o accidentes de tránsito, al analizar el exceso de mortalidad calcula que podría haber hasta 23 mil muertos por COVID en Chile durante 2020, esto es unos seis mil más que los que reconoce oficialmente el gobierno.

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