EEUU planteará en el G-20 imponer un impuesto a las multinacionales

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La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen, ha anunciado ayer lunes su intención de trabajar con los países del G20 para implantar un impuesto de sociedades mínimo a escala global para las multinacionales, una de las propuestas en las que lleva tiempo trabajando la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El objetivo es que el gravamen favorezca “sistemas fiscales estables y justos” y frene la carrera a la baja que está sufriendo este tributo. Yellen ha expuesto su postura en su primera comparecencia como titular de la economía estadounidense ante el Council on Global Affairs de Chicago.

Yellen denunció esa carrera a la baja “de los últimos 30 años” en un discurso virtual. Por ello, subrayó, es importante asegurar que “los Gobiernos cuenten con sistemas impositivos estables que recauden suficientes ingresos y que todos los ciudadanos compartan de manera justa la carga financiera del Gobierno”. En el foro de Chicago, Yellen también denunció el aislacionismo del expresidente, Donald Trump, al señalar que el “América primero” ―el lema del republicano― nunca debe significar “América en solitario”.


El objetivo de esa tasa global es evitar que las grandes corporaciones se instalen en jurisdicciones con una tributación más baja y resten recaudación a las arcas públicas, más aún ante la enorme factura que dejará la crisis causada por la pandemia, que EE UU pretende mitigar con un ambicioso plan de estímulos valorado en 1.9 trillones de dólares, ya aprobado por el Congreso. Ese tipo mínimo global, incidió Yellen, se podrá emplear para que la economía “se desarrolle con más igualdad de oportunidades” y “estimule la innovación, el crecimiento y la prosperidad”.


Para la expresidenta de la FED, la credibilidad en el extranjero “empieza con la credibilidad en casa”, y por eso puso como ejemplo la proyectada subida del impuesto de sociedades en EE UU, un eventual aumento que enfrenta mucha resistencia por parte de la clase empresarial. La semana pasada, Biden presentó los detalles de su programa de infraestructuras, una de las piezas clave para reconstruir y modernizar la economía en la fase pospandemia, con una inversión de dos billones de dólares.

Parte de este plan, que tendrá que recibir luz verde en el Congreso en un proceso que se augura tormentoso pero que los demócratas esperan poder cerrar para el próximo 4 de julio, se financiará elevando el tipo del impuesto de sociedades del 21% actual ―antes de la reforma fiscal de Trump en 2017, estaba en el 35%― al 28%, y fijando en el 21% el tipo mínimo a abonar por parte de las empresas estadounidense por sus ganancias en el extranjero.

La semana pasada, en una comparecencia ante el Senado, Yellen había defendido el aumento del gravamen, debido al hecho de que el país recauda “una cantidad muy pequeña” mediante esa figura fiscal.

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