Estas son las incógnitas por despejar de un escrutinio electoral interminable en EEUU

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Una semana después de la jornada electoral del día 3, la mayoría de los Estados de EE UU todavía no han terminado el escrutinio. La masiva participación anticipada y por correo, alentada por el contexto de la pandemia, ha ralentizado aún más un proceso complejo y particular en cada una de los 50 territorios federales, con potestad de establecer sus propias reglas y que afectan a los plazos, a la manera de emitir los votos o a las fechas para certificar oficialmente los resultados. Los números definitivos están previstos para principios de diciembre. Pese a todo, el demócrata Joe Bien es considerado el presidente electo desde el sábado, cuando superó la barrera de los 270 votos electorales, sumando los sufragios ya obtenidos y contando con que el número de papeletas que faltan aún por recontar no permite matemáticamente dar un vuelco a los resultados.

Además del aluvión de voto por adelantado, otro factor para la demora del proceso es la durísima polarización y el hecho de que Donald Trump esté agitando el fantasma de un fraude. Los centros electorales están teniendo especial cuidado para evitar situaciones irregulares en la participación anticipada y por correo. Este tipo de sufragios deben superar varios pasos antes de incluirse en el escrutinio, incluida la revisión por parte de los funcionarios electorales para que garanticen su validez.

Hay varios Estados con el recuento aún en marcha. Nevada y Arizona, en el Oeste, están inmersos en una progresiva evolución del voto producto de los cambios demográficos y comparten también dos de los finales más apretados. Apenas 15.000 votos es la diferencia a favor de Biden en Arizona, con el 98% escrutado. En Nevada, la ventaja del demócrata ronda las 36.000 papeletas, con el escrutinio al 97%, aunque la mayoría de los medios informativos ya le han otorgado la victoria a Biden en este territorio, que tiene hasta el 1 de diciembre para certificar oficialmente los resultados. En el caso de Arizona, la fecha límite es el 30 de noviembre.

Georgia es, de momento, el único que ha anunciado un más que probable nuevo cómputo debido al mínimo margen que separa a ambos candidatos. Con el 98% escrutado, la diferencia para Biden se sitúa en poco más de 12.000 votos, un 0,25%. Cuando el margen en unos comicios es inferior a medio punto, la normativa estatal concede al perdedor la oportunidad de pedir una revisión. La fecha para la certificación de los resultados es el día 20. A partir de entonces, se podría hacer efectiva la solicitud, que abocaría a no conocer el resultado definitivo hasta cerca de finales de año.

El otro Estado sureño donde el final está todavía abierto es Carolina del Norte, que tiene hasta el 24 de noviembre para certificar oficialmente los resultados. Trump va por delante —por 74.000 votos— con el 98% escrutado. Las autoridades electorales estatales han anunciado que seguirán aceptando los votos por correo hasta este jueves.

Más allá de los Estados donde todavía cabe alguna duda, California es uno de los que más atrasado lleva su escrutinio. Sin embargo, fue uno de los primeros en anunciar como vencedor a Biden. Desde los noventa, tras el auge de la participación de los hijos y nietos de la migración latina y asiática, las grandes ciudades del Estado se han convertido en una garantía para la victoria demócrata. Aunque aún falta más del 10% por escrutar en California, Biden dobla en apoyo electoral a Trump.

Cerrados los interminables escrutinios, los documentos con los resultados en cada territorio se enviarán al presidente del Senado y al Archivo Nacional hasta el 23 de diciembre. El escrutinio oficial se envía también al nuevo Congreso electo —una parte de la Cámara se ha renovado en estos comicios—, que se reunirá en una sesión conjunta el 6 de enero de 2021 y anunciará los resultados. Pese a los intentos a la desesperada de Trump por judicializar el escrutinio, cuyo ejemplo más reciente fueron las elecciones de 2000, cuando el anuncio final del ganador se demoró más de un mes, parece muy probable que el proceso seguirá a partir de ahora el cauce previsto.

Los peros judiciales al proceso se han centrado en algunas modificaciones de las normativas electorales estatales, que de manera excepcional cambiaron este año. Para incentivar la participación y dar seguridad, se flexibilizaron los requisitos para emitir el voto por correo, sin necesidad de presentar una justificación para ello. El resultado ha sido que cerca de 64 millones de electores enviaron su papeleta por correo o la depositaron en algún buzón de un centro electoral. Sumados a quienes acudieron de forma anticipada a centros electorales ya abiertos rebasaron los 100 millones de personas, rompiendo todos los récords históricos de participación.

Las demandas presentadas por los republicanos en los Estados clave han sido de momento desechadas por los tribunales. Pero la batalla se prolongará previsiblemente varias semanas.

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