Nuevas caravanas de migrantes que preparan su viaje a EE.UU. pondrán a Biden a prueba

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Los países centroamericanos, que sufren con mayor intensidad las consecuencias crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus, vieron el mes pasado cómo dos huracanes devastadores dejaron abnegada una parte importante de su territorio. Tras nueve meses de restricciones de viaje y alto índice de desempleo, cada vez más familias se preparan para poner rumbo a Estados Unidos.

Si bien la inmigración no ocupó en la última campaña electoral el peso que tuvo en 2016, el presidente electo, Joe Biden, se comprometió a acabar con las políticas de Donald Trump en esta materia. Pero el arribo de migrantes centroamericanos a la frontera sur le pondrá a prueba en cuanto llegue a la Casa Blanca el próximo mes de enero.

Las razones de la caravana

“Habrá caravanas y en las próximas semanas aumentará” el flujo de llegadas, según dijo a Bloomberg José Luis González, coordinador de la organización no gubernamental Red Jesuita con Migrantes de Guatemala. “La gente ya no tiene miedo al coronavirus. Están pasando hambre, lo han perdido todo y algunos pueblos todavía están inundados“, añade.

González explica que cuando hay un cambio en los gobiernos de Estados Unido o México, empiezan a armarse caravanas para tomar el pulso a las autoridades entrantes. “Lo que ven (ahora) es que el que dijo que iba a construir un muro y odiaba a los latinos está de salida”, asegura González.

La presión migratoria ha aumentado en el último mes tras los estragos que provocaron los huracanas Eta e Iota en medio de una temporada sin precedentes en el Atlántico. Tras peticiones de países centroamericanos, la Administración Trump anunció este lunes la extensión del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los nacionales de El Salvador, Honduras y Nicaragua (entre otros) que llegaron hace décadas a Estados Unidos también como consecuencia de desastres naturales.

Solo Eta causó daños por valor de cinco millones de dólares en toda la región y afectó a tres millones de personas. Se inundaron casas, se dañaron carreteras, puentes y cultivos en Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador. Respecto a Iota, los gobiernos están todavía contabilizando los daños que causó y algunos pueblos continúan aún parcialmente abnegados.

El reto de Biden ante la inmigración

Dos de las medidas migratorias de Trump que Biden ha prometido revertir son la detención prolongada y la separación de familias. Tras una orden judicial, la Administración actual trató de reunir con sus padres a los menores que había separado. Sin embargo, aún no han podido encontrar a los progenitores 666 niños y niñas.

Varias organizaciones que defienden los derechos de los migrantes han advertido repetidamente que en materia migratoria no será suficiente volver a la era Obama, a quien apodaron “jefe de las deportaciones”. Aunque en un debate electoral, Biden quiso desvincularse del anterior presidente demócrata, será muy difícil conseguir cambios de gran calado si no se establece una mayoría demócrata en el Senado.

Los asesores de Biden proyectan alejarse de las políticas de Trump y, al mismo tiempo, evitar que la frontera se abra de golpe, dicen a Bloomberg personas familiarizadas con la planificación. Temen que los cambios rápidos y de gran envergadura pueden provocar que más personas emprendan su viaje al norte.

El nominado del presidente electo para dirigir el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) estuvo al frente de la gestión del aumento del flujo migratorio durante la Administración Obama. Alejandro Mayorkas creo más centros de detención para familias y aumentó las deportaciones, dos medidas que le valieron la crítica contundente de organizaciones civiles.

Los datos migratorios

La cantidad de personas que Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) ha detenido a lo largo de las casi 2,000 de frontera entre México y Estados Unidos ha aumentado en los últimos seis meses. La agencia dice que en abril, al inicio de la pandemia y de las restricciones de viaje, registraron 17,000 frente a los más de 69,000 del último conteo.

La migración de Centroamérica a México y EE.UU. empezó a aumentar después del huracán Mitch de 1998 y el huracán Stan de 2005. Otros desastres naturales han forzado desde entonces a los habitantes de la región a abandonar su lugar de nacimiento. En El Salvador, una fuerte sequía entre 2014 y 2015 afectó a la producción de maíz, otro ejemplo de la crudeza con la que los fenómenos meteorológicos afectan a estos países.

Durante la campaña presidencial, Biden pidió un paquete de ayuda de $4,000 millones de dólares para Centroamérica y dijo que su administración abordaría la crisis climática que enfrenta la región. Las caravanas de inmigrantes son un indicador de que tendrá que ponerse con este trabajo desde el principio de su gobierno.

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