Siguen llegando migrantes a través del Río Grande y la crisis humanitaria se incrementa

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La hondureña Ruth Bautista suplica a las Patrulla Fronteriza que la deje estar en el país. Viene a reencontrarse con su hijo de 12 años.

“Le vengo pidiendo a Dios para que inmigración me deje entrar”. Es una de las 200 personas que han cruzado por el río Bravo a Roma, Texas, en tan solo un plazo de tres horas en la noche del sábado, agudizando la crisis migratoria que se vive en la frontera desde la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca.

Esta migrante vino junto a su hija María López, de 7 años. Su marido murió hace cinco meses y su hijo se quedó solo en Estados Unidos. Por eso han caminado miles de kilómetros hasta llegar a la frontera. “Yo casi no lloro, soy valiente. Le digo mami, no llores”, dice la menor a Edgar Muñoz, reportero de Noticias Telemundo en medio de la noche.

Atraídos por el efecto llamada del nuevo presidente, Joe Biden, decenas de padres con hijos pequeños son conducidos por los coyotes en altas horas de la noche. Pero la mayoría serán devueltos ya que la frontera está cerrada.

La cifra de miembros de familias de inmigrantes indocumentados que atravesaron la frontera sur del país pasó de 7,000 en enero a cerca de 19,000 en febrero, según datos de ICE. “Aguantamos hambre, a veces dormimos en el monte. Salimos el 25 de enero”, afirma Karla Mejía, que trae dos niños de cuatro y siete años.

Las lanchas no dejan de desembar migrantes durante la noche. En una de ellas llega Génesis Miramar, de nueve años, de Talanca, Honduras, que vino sin familia, aunque acompañada de un grupo de gente, en busca de un primo de su padre. “Lo que más miedo me dio es venir caminando por el río. Quería estar con mi primo”. “¿Dónde vive?”, le pregunta el periodista: “En Estados Unidos”, contesta.

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