Las decenas de millones de estadounidenses que no tienen seguro médico estarán cubiertos por el gobierno si se enferman de coronavirus, afirmó ayer viernes el secretario de Salud.

Alex Azar dijo a los periodistas que la llamada ley CARES, un paquete de estímulo para enfrentar el coronavirus aprobado por el Congreso, incluye 100.000 millones de dólares para proveedores de atención médica que “tendrán prohibido facturar a los no asegurados el costo de su atención”.

En cambio, los hospitales y los profesionales de la salud recibirán el reembolso de las tarifas de Medicare, un programa de seguro estatal para personas mayores.

Azar agregó que las personas que recientemente quedaron desempleadas y, por lo tanto perdieron su seguro, serán elegibles en un periodo de inscripción especial para recibir atención médica bajo el Affordable Care Act, aprobado por el expresidente Barack Obama.

El presidente Donald Trump ha pasado la mayor parte de su mandato tratando de deshacer esa ley conocida como Obamacare, por la cual una gran parte de la población no asegurada anteriormente podía obtener cobertura.

Las últimas cifras oficiales mostraron que había 27,5 millones de personas sin seguro médico, pero el número actual es probablemente mucho mayor después de que casi 10 millones de personas presentaron solicitudes de desempleo en las últimas dos semanas.

A diferencia de otros países ricos, Estados Unidos vincula la atención médica de los ciudadanos con sus empleadores.

Aunque el seguro estatal, llamado Medicaid, existe para las personas en situación de pobreza, muchas personas cuyos trabajos no ofrecen cobertura no califican porque sus ingresos están por encima del umbral, a pesar de que no pueden permitirse comprar un seguro en el mercado abierto.

La administración Trump ha agregado numerosas barreras adicionales para calificar para Medicaid y, como resultado, la población sin seguro ha crecido en varios millones después de caer a mínimos históricos justo después de la era Obama.

Los expertos en salud pública han advertido repetidamente que los no asegurados pueden ser reacios a buscar tratamiento, exponiéndose a un mayor riesgo y alimentando la propagación de la enfermedad.