La jueza liberal del Tribunal Supremo de EE.UU. Ruth Bader Ginsburg anunció este viernes que está recibiendo tratamiento de quimioterapia para combatir un cáncer de hígado, pero aseguró que no tiene planes de jubilarse a pesar de la enfermedad.

La magistrada, de 87 años, la mayor de la corte, explicó en un comunicado que la quimioterapia está dando buenos resultados.

“A menudo he dicho que seguiré siendo un miembro de la corte siempre que pueda hacer este trabajo por completo. Sigo siendo completamente capaz de hacer eso”, sostuvo en su nota, difundida por la oficina de prensa del Tribunal Supremo.

Ginsburg detalló que el cáncer fue detectado en febrero durante una revisión médica rutinaria, de manera que se le hizo una biopsia y el 19 de mayo comenzó a recibir quimioterapia.

Su último análisis, el 7 de julio, mostró que ha habido una “significativa reducción de las lesiones del hígado y que no hay nueva enfermedad”.

La jueza explicó que dos veces por semana recibirá quimioterapia para mantener el cáncer “a raya” y podrá mantener una “rutina diaria activa” con su trabajo en el tribunal más importante del país.

Aseguró, además, que el cáncer no tiene nada que ver con sus recientes hospitalizaciones.

Justo este miércoles, Ginsburg fue dada de alta del Johns Hopkins de Baltimore (Maryland) después de haber sido ingresada el día anterior con fiebre y escalofríos por una posible infección.

Designada por el expresidente Bill Clinton en 1993, Ginsburg es la jueza de más avanzada edad de los nueve que conforman el Supremo y en los últimos años ha tenido problemas de salud que han forzado varios ingresos hospitalarios.

La jueza ha luchado antes contra el cáncer: en 2009 superó un cáncer de páncreas, en 2018 tuvieron que extirparle unos nódulos malignos de su pulmón izquierdo y, en el verano de 2019 reapareció en el páncreas ese mal, aunque logró superarlo.

El cáncer también le arrebató al amor de su vida, su esposo, Martin Ginsburg, fallecido en 2010.

Ginsburg lleva los últimos 27 años en el Trinbunal Supremo, donde llegó en 1993 como la segunda mujer de la historia que ocupa un puesto en esta corte, después de toda una carrera dedicada a causas feministas y a los derechos civiles.

La salud de la magistrada, por su avanzada edad, tiene en vilo al país, especialmente a las filas progresistas, que temen que si Ginsburg abandona el Supremo, su sustituto sea elegido por el presidente, Donald Trump, para ampliar la ya existente mayoría conservadora de la corte más importante del país.

El presidente y la magistrada han mantenido una difícil relación después de que Ginsburg lo calificara de “farsante” antes de las elecciones de 2016, un comentario del que tuvo que retractarse y que provocó que Trump pidiera su dimisión.

El Supremo está compuesto por nueve jueces con puestos vitalicios, actualmente 5 conservadores y 4 liberales.