Desde mayo del año pasado, el Comando Sur, una fuerza militar de Estados Unidos destinada para operaciones en Centro y Suramérica, además del Caribe, ha incrementado su presencia en aguas próximas a territorio venezolano. El gobierno de Nicolás Maduro, en alerta.

Se agitan las aguas del mar Caribe. Desde el 9 de mayo de 2019 cuando el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, publicó en Twitter un mensaje reconociendo al líder opositor Juan Guaidó como presidente de Venezuela y poniéndose a su disposición para hablar sobre “su apoyo a los militares venezolanos”, se desató una oleada de acusaciones y amenazas mutuas.

Faller, desde entonces, ha dicho más cosas, como que apoya una salida constitucional en Venezuela, pero también evalúa opciones militares; solo espera a que el presidente de EE. UU., Donald Trump “tome la decisión”. Luego de que Washington le pusiera precio a la cabeza de Maduro (US$20 millones) el pasado marzo, la agencia de noticias Associated Press (AP) dijo que el siguiente paso en la presión a Venezuela era mover barcos hacia el caribe venezolano.

Lo han hecho; el miércoles de esta semana, Estados Unidos desplegó un buque de guerra en el Caribe, frente a las costas de Venezuela. “Hoy el destructor ‘USS Pinckney’, un barco lanzamisiles de clase Arleigh Burke desafió el excesivo reclamo marítimo de Venezuela en aguas internacionales durante un exitoso ejercicio de navegación en el Mar Caribe”, informó el Comando Sur en un comunicado.

Este jueves la respuesta del gobierno de Maduro no se hizo esperar. Desde el canciller, Jorge Arreaza, quien denunció que el USS Pinckney había violado espacio marítimo venezolano, hasta el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, que aseguró que están listos para “responder” ante cualquier agresión.

“La República Bolivariana de Venezuela se dirige a la comunidad nacional e internacional en la oportunidad de denunciar las infames declaraciones difundidas por el Comando Sur de Estados Unidos de Norteamérica, a través de su cuenta oficial en las redes sociales, en las cuales señala a Venezuela de ejercer un excesivo control sobre sus aguas jurisdiccionales, al tiempo que el buque de guerra USS Pinckney (DDG-91) navegaba en nuestra Zona Contigua a una distancia de 16,1 millas náuticas de las costas venezolanas”, señaló parte del texto publicado por el canciller Jorge Arreaza.

La respuesta del Comando Sur no se hizo esperar. Estados Unidos sostiene que la marina operó en aguas internacionales, fuera de las 12 millas náuticas que son jurisdicción venezolana. En un comunicado, esta fuerza militar aseguró que “el régimen ilegítimo de Maduro reclama incorrectamente controles excesivos sobre esas aguas internacionales, que se extienden tres millas más allá del mar territorial de 12 millas, un reclamo que es incompatible con el derecho internacional”.

“Vamos a continuar ejerciendo nuestro legítimo derecho a navegar libremente por aguas internacionales sin someternos a reclamos ilegales”, indicó el almirante Craig Faller, que preside el Comando Sur.

El pasado 2 de julio, en una rueda de prensa virtual con periodistas de la región, Faller dijo que “Venezuela está viviendo en medio de una hambruna y está intercambiando dinero con Rusia. Está realizando negocios turbios con el estado terrorista de Irán. Lo hace para auspiciar el terrorismo”. A la vez, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos destacó que el caribeño busca estas alianzas con el Kremlin y con Teherán “para mantenerse en el poder y generar una guardia pretoriana” que le permita “perpetuarse”.

Otros ejercicios peligrosos

Desde enero de este año, las operaciones estadounidenses en zonas cercanas a Venezuela no han cesado. En enero, barcos de la armada estadounidense realizaron operaciones frente a las costas venezolanas, según el Comando Sur, como parte de la estrategia para “combatir el tráfico de narcóticos y otras amenazas de seguridad en el hemisferio”.

No fue la única operación; estos ejercicios militares se han repetido varias veces a lo largo de este año. El 1 de abril, Trump ordenó “duplicar” el número de militares en Latinoamérica para luchar contra el tráfico de drogas en el este del Océano Pacífico y el Caribe, lo que incluye Venezuela; una megaoperación contra el narcotráfico.

El operativo, que incluye más barcos, aviones, buques de combate litoral, naves marítimas de la Guardia Costera y gente de una Brigada de Asistencia a Fuerzas de Seguridad (SFAB, en inglés) cuenta, según anuncio entonces Trump, con el apoyo de 22 naciones, entre ellas Colombia.

El fiscal estadounidense,William Barr señaló, a propósito del nuevo plan de la administración Trump, que, “durante años, los carteles han usado estas rutas marítimas (vía México y Centroamérica) para sacar cocaína de, principalmente, Colombia y ahora también de Venezuela. Y estas rutas marítimas en ambas costas (Pacífica y Atlántica) se han convertido en el medio primario para ingresar cocaína a Estados Unidos”. Robert O’brien, asesor de Seguridad Nacional, ha explicado que esta operación interagencial está dirigida a reducir el apoyo financiero ilegal que recibe “el corrupto régimen de Maduro en Venezuela y otros actores malos” para realizar sus “actividades malignas”.

El pasado 23 de junio se dio otra operación: el Comando Sur lanzó una operación, parecida a la del miércoles pasado, con el buque de guerra “Nitze (DDG 94)”, un ejercicio que Caracas tildó de “provocación” informando que la nave se acercó a 50 kilómetros de la costa venezolana. La respuesta estadounidense ante los reclamos del gobierno de Maduro ha sido siempre la misma: “barcos de la Marina de los EE. UU y la Guardia Costera actualmente operan en el Caribe como parte de la operación antinarcóticos del presidente”.

Las polémicas del Comando Sur

El Comando Sur de EE. UU. nació en 1903, cuando ese país envió a un grupo de marines a Panamá, a bordo del USS Nashville, para proteger el ferrocarril que unía las costas Altántica y Pacífica. Historiadores señalan que esa misión en la práctica terminó con los esfuerzos que Colombia hacía para evitar la secesión de Panamá.

Desde entonces, la polémica lo ha rodeado. Un estudio publicado por varios historiadores de la Universidad de Harvard, señaló que Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) y en varias ocasiones con ayuda del Comando Sur, intervino en 41 ocasiones para forzar cambio de gobierno en países de América Latina entre los años 1898 y 1994.

Analistas recuerdan que en 1965, tropas del Comando Sur participaron en una invasión a República Dominicana, tras el levantamiento de seguidores del presidente Juan Bosch, recién derrocado; su actividad casi que cesó durante varios años pero en 1970, el presidente estadounidense Ronald Reagan lo revivió a raíz de los conflictos centroamericanos (Salvador, Nicaragua).

Analistas en Colombia, señalan al Comando Sur de haber sido el diseñador del Plan Colombia; El informe de la U de Harvard aclara que después de la Guerra Fría esta fuerza militar se ha dedicado más al combate del narcotráfico y del terrorismo, desde 2001. Varios gobiernos de izquierda de la región lo acusaron de estar detrás del derrocamiento de Manuel Zelaya, en Honduras, 2008.