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El Covid-19 se llevó a Armando Manzanero

El cantautor mexicano Armando Manzanero falleció este lunes a los 85 años, pocos días después de haber sido hospitalizado en Ciudad de México tras contraer coronavirus.

Manzanero deja tras de sí un legado inolvidable en la historia de la música en español, un sinfín de discos vendidos e innumerables reconocimientos, como el Premio Grammy honorífico en 2014.

El autor de clásicos de la balada romántica latinoamericana, como “Somos novios”, “Voy a apagar la luz”, “Contigo aprendí”, “Esta tarde vi llover” y “No”, fue hospitalizado la semana pasada en Ciudad de México tras dar positivo en covid-19 e intubado unos días después.

“Con mucho dolor lamento la muerte del maestro Armando Manzanero, uno de los más grandes compositores de México, sus canciones son parte definitiva de la educación sentimental de los mexicanos”, escribió en Twitter la secretaria de Cultura de México, Alejandra Frausto.

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Un artista incombustible

A lo largo de sus 70 años de trayectoria, Manzanero publicó más de 30 trabajos discográficos, musicalizó numerosas películas y escribió más de 400 canciones.

Manzanero, calificado como “el más importante compositor vivo de la música mexicana”, fue además, productor musical y actor.

Sus temas han sido versionados a lo largo de los años por artistas de la talla de Elvis Presley, con “It’s impossible”, una versión en inglés de “Somos novios”, Dionne Warwick, Tony Bennett, Alejandro Fernández o Christina Aguilera.

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGESPie de foto,

En 2014, Manzanero se convirtió en el primer mexicano en recibir un Grammy honorífico por su trayectoria.

Además, produjo a muchos artistas mexicanos, apadrinó conciertos y buscó nuevos talentos, convirtiéndose en un referente de la industria cultural del país.

Desde la presidencia de la Sociedad de Autores y Compositores de México, cargo que ocupaba desde 2010, luchó para dignificar la labor de los artistas y reconocer la autoría de sus obras.

“He tenido mis tiempos en donde piensan que ya no doy más, que ya se terminó mi época, pero cuando surge una oportunidad ahí entro y les hago entender que no es cierto”, llegó a decir este artista que escribió “de todo, lo mismo tropical que rock and roll”.

Una reunión familiar

Juan Pablo Manzanero, hijo del fallecido cantante, dijo este lunes en declaraciones al diario mexicano Reforma que la muerte de su padre “debería ser una lección para toda la sociedad que baja la guardia contra el coronavirus”.

Según el mismo medio, Manzanero celebró el pasado 7 de diciembre su cumpleaños 85 con varios miembros de su familia y días después empezó a sentirse mal.

“Hay que dar un atento llamado a toda la gente a que sean más responsables. Mi padre lamentablemente por esa inquietud que sufren todos, de estar cansados de estar en casa, en su cumpleaños se fue a echar desmadre, a un viaje familiar”, le explicó Juan Pablo Manzanero a Reforma.

“Y de repente veo la foto con 30 personas, sin cubrebocas, y digo: ‘qué cosa tan irresponsable’, se enfermó, a todos mis hermanos, todos los de ahí les dio Covid y a mi jefe, pues lamentablemente, con diabetes, a sus 85, y con el riñón jodido… ¡vaya, la tristeza! Le pedí a Dios que no se lo llevara en la plancha, que lo dejara llegar a su casa e irse en paz, pero es la voluntad de Dios”, señaló en la misma entrevista el hijo del fallecido compositor.

Beethoven: 250 años inspirando al mundo

Ludwig van Beethoven sigue inspirando, alegrando y conmoviendo cuando ayer miércoles se cumplen 250 años de su nacimiento. Ningún compositor ha creado emociones tan intensas y liberadoras con una obra que, además, consolidó a Viena como la capital mundial de la música clásica.

Beethoven, nacido en Bonn en 1770, fue alemán de nacimiento, pero vienés por elección. El compositor de Para Elisa se instaló definitivamente en la capital de Austria cuando tenía 22 años de edad -después de un corto viaje para conocer a Mozart a los 16-, y vivió en la ciudad hasta el día de su muerte, 34 años después.

A su funeral acudieron 20.000 personas, una parte importante de la población de la capital en aquella época.

En Viena fue donde compuso sus obras más famosas y donde se enfrentó a la sordera que acabaría por definir el recuerdo de su genio. La Novena sinfonía, con su Oda a la Alegría que se convirtió en un himno europeo, la estrenó sin poder oír siquiera los aplausos del público.

Este año la ciudad tendría que haberse volcado para celebrar la efeméride, y si bien la mayoría de las instituciones culturales y teatros organizaron exposiciones y conciertos para homenajear al genio, estos quedaron deslucidos por las restricciones de la pandemia, que impiden ahora reabrir los escenarios.

Adelantado a su tiempo

La obra de Beethoven sirvió para definir el rumbo que acabaría por tomar la música clásica en la ciudad.

En su época, los intérpretes a veces recibían las partituras el mismo día del estreno, sin apenas tiempo para ensayar; pero las obras de compositores como Mozart o el propio Beethoven llegaron a alcanzar tal nivel de complejidad que se hizo evidente la necesidad de contar con orquestas profesionales para interpretarlas.

Esta situación llevó a la creación de la Orquesta Filarmónica de Viena, en 1842. En su primer concierto, el programa comenzaba con una obra de Beethoven.

Las sinfonías de Beethoven no solo viven en el recuerdo de los amantes de la música, sino que sus melodías marcaron el curso de la cultura popular universal: en el “remix” que hiciera de la Quinta sinfonía Walter Murphy, bailada a ritmo de disco por John Travolta en Saturday Night Fever, o en los compases de la Novena que usó Kubrick para curar los impulsos violentos de Alex DeLarge en A Clockwork Orange.

Capital de la música

“Viena no sería la misma sin Beethoven”, asegura a Efe Franz Patay, gerente del Theater an der Wien, donde el músico estrenó algunas de sus obras más famosas y vivió mientras componía la que sería su única ópera, Fidelio.

Para Patay, la capital de Austria era “el sitio en el que estar en ese momento”: centro de la música mundial, había sido el hogar de Wolfgang Amadeus Mozart (a quien Beethoven admiró profundamente), y lo era aún de Joseph Haydn, que llegó a darle clases al joven virtuoso.

“Aquí estaban los mecenas, aquí estaba la aristocracia”, defiende también Elisabeth Bauer, directora del equipo de educación musical en la Haus der Musik, un innovador “museo del sonido” en el centro de Viena que cuenta con una sala dedicada al compositor.

Bauer explicó que el objetivo de Beethoven era ser su propio jefe, poder vivir de su música sin depender de nadie, algo que consiguió gracias al apoyo de importantes aristócratas.

Ese patronazgo permitió al músico dedicarse a la composición sin tener que prestar atención a otros aspectos más mundanos, llevando un estilo de vida poco habitual para la época: en sus 34 años en Viena, llegó a mudarse más de 60 veces.

Un panel interactivo en la Haus der Musik rinde homenaje a esta particular costumbre, con un mapa donde pueden explorarse los diferentes alojamientos que ocupó, algunos de los cuales -como la Casa Pasqualati o el apartamento de Heiligenstadt- son ahora museos dedicados a su memoria.

Mal genio

Bauer asegura que aunque sus reiteradas mudanzas pueden explicarse en parte por la necesidad del compositor de cambiar de aires, también se debe tener en cuenta que Beethoven era un inquilino muy difícil: su proverbial mal genio, agravado por su sordera, podía llevarle a estar aporreando el piano hasta altas horas de la noche, enfrascado en alguna composición.

“Era muy egoísta cuando componía, y si tenía alguna buena idea en mitad de la noche se ponía a tocar, así que el casero le acababa diciendo ‘vete, por favor, vete’”, dice Bauer.

Aunque nunca sufrió dificultades económicas, la evolución de su sordera le afectó profundamente, aislándolo cada vez más del mundo y alimentando su resentimiento por tener que depender de sus sirvientes para la vida diaria.

Esa lucha contra la sordera también se observa en su música, donde a menudo se producen momentos de violenta reafirmación tras pasajes de aparente desorden.

Inspiración modernista

Esta imagen de genio torturado alcanzó una dimensión casi mayor que su propia música, y sirvió de fuente de inspiración a numerosos artistas, que trataron de plasmar su propia sensibilidad sobre la figura de Beethoven.