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Gobierno de México indemnizará a familias de víctimas de la tragedia del metro

La alcaldía de Ciudad de México entregará ayudas inmediatas de unos 2.000 dólares (unos 40.000 pesos) a los familiares de las 26 personas que fallecieron en el accidente del metro del pasado lunes, indicó la Gaceta Oficial capitalina el fin de semana.

Para las aproximadamente 80 personas que resultaron heridas en el peor accidente en el metro capitalino, fundado en 1969, las ayudas ascienden a unos 500 dólares (unos 10.000 pesos).

Estas cantidades fueron autorizadas “como medidas de ayuda inmediata en conceptos de alimentación, transportación, alojamiento y de procuración e impartición de justicia”, señala la Gaceta Oficial.

El viernes, cientos de personas manifestaron al grito de “¡justicia!” en la zona del accidente, en el municipio de Tláhuac, una de las más marginadas de la capital, y señalaron a funcionarios como responsables de la tragedia.

El canciller Marcelo Ebrard, del partido oficialista Morena, ha sido duramente criticado pues como alcalde de la ciudad (de 2006 a 2012) mandó a construir esta línea del metro, la más cara y que costó 70% más de lo estimado.

También es criticada la actual alcaldesa de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, igualmente de Morena, por supuestas fallas en el mantenimiento.

Miguel Ángel Mancera, antaño aliado de Ebrard y ahora senador por el izquierdista PRD, fue alcalde de 2012 a 2018 y es señalado por haber permitido que operara esta línea del metro, pese a haber suspendido inicialmente un tramo por fallas.

Varios de los fallecidos eran jefes de familia, muchos de ellos obreros o empleados de servicios, según los relatos de sus seres queridos.

Trump arremete contra Pence y McConnell en evento privado

Se suponía que iba a ser un fin de semana unificador para un Partido Republicano que está en guerra consigo mismo por el liderazgo divisivo del expresidente Donald Trump. Pero el propio Trump rompió dos días de relativa paz en sus comentarios finales ante los principales donantes cuando insultó al líder del partido en el Senado y a su esposa.

Previo al discurso de Trump en un evento privado realizado en su nuevo hogar dentro del complejo de Mar-a-Lago, los asesores del expresidente dijeron que destacaría su compromiso con el partido y la unidad republicana.

Pero Trump se desvió bruscamente el sábado por la noche de su discurso y en lugar de ello arremetió contra el líder de la minoría en el Senado, Mitch McConnell, tildándolo de “perdedor inútil” y burlándose de su esposa, Elaine Chao, quien fue la secretaria de Transporte de Trump.

El exmandatario señaló que estaba “decepcionado” de su exvicepresidente, Mike Pence, y utilizó una grosería para referirse a McConnell, de acuerdo con varios de los asistentes que no estaban autorizados para hablar públicamente sobre lo que se dijo en el evento privado. Trump se quejó de que McConnell no le agradeció adecuadamente por haber incluido a Chao en el gabinete.

La oficina de McConnell no respondió de manera inmediata a una solicitud de comentarios enviada el domingo.

Las palabras de Trump hicieron sentir incómodos a algunos de los presentes.

El expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich no defendió a Trump cuando ofreció comentarios a su salida de Palm Beach el domingo.

“Estamos mucho mejor si seguimos centrándonos en los demócratas. Punto”, señaló Gingrich.

El discurso del sábado fue el último evento de la cumbre de donantes del Comité Nacional Republicano celebrada en Palm Beach. La mayoría de las reuniones privadas del comité fueron realizadas en un hotel de lujo ubicado a unos kilómetros de Mar-a-Lago. Los asistentes fueron trasladados en autobús para el discurso de Trump.

La nueva tensión entre Trump y los líderes republicanos se produjo en momentos en los que los dirigentes del partido tratan de restar importancia a una disputa interna sobre el papel de Trump en el grupo, su compromiso con la recaudación de fondos y sus planes para 2024. Trump también sigue insistiendo en que las últimas elecciones le fueron “robadas”, repitiendo las falsas afirmaciones de que Joe Biden ganó las elecciones sólo por fraude electoral.

Con información de la agencia AP

Brasil: reportan 250.000 muertos por el virus chino, en un año de pandemia

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ignoró el coronavirus durante mucho tiempo. Con 250.000 muertos en 12 meses de pandemia, Brasil paga por eso un alto precio. Sin embargo, el mandatario sudamericano sigue firme en el poder.

El 26 de febrero de 2020, Brasil registró su primer paciente de coronavirus. Un hombre de 61 años, de Sao Paulo, se había contagiado en un viaje a Italia. La primera muerte fue registrada el 12 de marzo, cuando murió Rosana Aparecida Urbano, una empleada doméstica de Sao Paulo.

Un año más tarde, el recuento del coronavirus en Brasil es de más de 250.000 muertos y 10,3 millones de contagios. Debido a la escasez de test, ese número sería más elevado aún por la cifra oculta, creen expertos. Pero ,ya de por sí, las cifras conmocionan. En todo el mundo, solo EE. UU. y la India tienen más contagios, y en cuanto a muertos, Brasil ocupa el segundo lugar a nivel global.  A finales de enero, el Instituto Lowy, de Australia, calificó a Brasil con la peor nota en lo referente a la lucha contra la pandemia.


Responsable de todo eso es, para muchos, el presidente. Más que una “gripecita” o “resfrío” no era el COVID-19, había dicho el populista de derecha Jair Bolsonaro al comienzo de la pandemia.

Varias veces dio a entender que, para él, el coronavirus es un ataque planificado por China contra él y su ídolo, Donald Trump. Para contrarrestarlo, Bolsonaro organizó una oración colectiva en el jardín presidencial. Además, Trump le recomendó cloroquina, el remedio contra la malaria, como la panacea contra el COVID-19, aunque estudios científicos serios niegan que tenga efecto alguno sobre el coronavirus.

Además de tales actitudes extrañas, el inicio de la pandemia en Brasil estuvo marcado por una falta de coordinación y control de los contagios, resume la epidemióloga Ethel Maciel, de la Universidad Federal de Espíritu Santo (UFES), en entrevista con DW.

“Durante la primera ola de coronavirus, el gobierno central opinaba que un cierre de la vida pública o el uso de mascarillas eran totalmente innecesarios. Y esos errores en la coordinación provocaron, con el tiempo, que cada estado de la federación tomara sus propias medidas”.

Al caos de las medidas restrictivas siguió el caos en la compra de suministros y equipamiento médico. A eso se sumó el cambio repentino en la cúpula del Ministerio de Salud brasileño. Dos ministros tuvieron que irse porque no seguían el rumbo de Bolsonaro.

El presidente pidió una apertura completa de la vida pública para salvar la economía. “Todos nos vamos a morir alguna vez”, dijo Bolsonaro. Sin embargo, un fallo de la Corte Suprema aseguró a los gobernadores y alcaldes el derecho a tomar medidas restrictivas de manera independiente. Desde entonces, el gobierno nacional, los estados y las municipalidades se echan mutuamente la culpa de la crisis.

A todo esto, una coordinación realizada por el gobierno central hubiera sido urgentemente necesaria. “En el transcurso de la crisis quedó en claro lo dependientes que somos del extranjero en la adquisición de mascarillas, respiradores e inyecciones”, señaló Maciel. “Y hoy, para conseguir vacunas, todavía tenemos esta politización del tema entre los estados y el gobierno nacional”, dijo, refiriéndose a la disputa entre el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, enemigo acérrimo de Bolsonaro, que compró dosis de China, y Bolsonaro, que no quería aceptarlas.

En lugar de eso, Bolsonaro apostó todo a la empresa británico-sueca AstraZeneca, que ahora tiene problemas para entregar las vacunas. Por el contrario, ofertas como la de Pfizer/Biontech, de proveer a Brasil en diciembre de 2020 de hasta 70 millones de dosis, fueron rechazadas por Bolsonaro. “Esas dosis hubieran cambiado por completo nuestra campaña de vacunación”, dijo Ethel Maciel.

En lugar de eso, hasta ahora solo se ha vacunado a cerca de un tres por ciento de los brasileños, y en muchas grandes ciudades las vacunas faltan. Pero no solo Bolsonaro es el problema: el ministro de Salud, el general Eduardo Pazuello, no logró impedir la muerte de enfermos de coronavirus en Manaos, estado de Amazonas, debido a la falta de oxígeno. Pero sí repartió cloroquina por todo ese estado. “Justamente en medio de nuestra mayor crisis sanitaria estamos siendo gobernados por gente que no sabe lo que hace”, sentencia la experta.

Michelle Obama: Trump manejó pandemia intencionalmente mal

 La ex primera dama Michelle Obama atacó al presidente Donald Trump en un nuevo video, donde lo acusa de racista y de hacer una “mala gestión intencional” de la crisis del coronavirus. Le pide a los votantes que no “desperdicien” sus votos en las elecciones de noviembre.

En el video, publicado el martes por el equipo de campaña del candidato demócrata a la Casa Blanca Joe Biden, la esposa del expresidente Barack Obama señala que han muerto más estadounidenses por COVID-19 que en las guerras de Irak, Afganistán, Vietnam y Corea juntas. Respecto al virus, “nuestro comandante en jefe, lamentablemente, ha estado desaparecido en combate”, afirmó.

Michelle Obama acusa a Trump de ser “racista”, afirmando que él y otros republicanos están “mintiendo acerca de cómo las minorías destruirán los suburbios” de las ciudades. Según ella, eso tiene la intención de “distraer la atención de sus fracasos asombrosos”.

También pidió a los votantes indecisos que “piensen en todas esas personas como yo y mis antepasados” y que sientan cierta empatía por lo que es “caminar por su propio país con miedo de que el pánico injustificado de alguien los pueda poner en peligro”.

La señora Obama instó a los votantes negros y mestizos, así como a todos los votantes jóvenes que están considerando no participar en las elecciones, a que salgan a votar porque “no podemos darnos el lujo de asumir que las cosas van a salir bien”.

La gestión del virus en EEUU provoca desconcierto en Europa

El fracaso de Estados Unidos a la hora de contener los contagios de coronavirus en el país ha provocado desconcierto y alarma en Europa, mientras el país más poderoso del mundo se acerca a un récord global de 5 millones de contagios confirmados.

Quizá en ningún lugar fuera de Estados Unidos se ve la fallida gestión estadounidense con más consternación que en Italia, que fue la zona cero de la epidemia europea. Los italianos no estaban preparados cuando el brote estalló en febrero, y el país sigue teniendo una de las peores cifras oficiales de muertos, con 35.000 fallecidos.

Pero tras una estricta cuarentena de 10 semanas, un cuidadoso rastreo de nuevos brotes y una aceptación generalizada del uso de mascarillas y el distanciamiento social, Italia se ha convertido en un modelo de contención del virus.

“¿No les preocupa su salud?” preguntó sobre los estadounidenses Patrizia Anotnini, equipada con una mascarilla para pasear con amigos junto al lago Bracciano, al norte de Roma. “Tienen que tomar nuestras precauciones (…) Necesitan una cuarentena de verdad”.

Buena parte de la incredulidad en Europa deriva del hecho de que Estados Unidos tuvo el tiempo a su favor, la experiencia europea y conocimientos médicos sobre cómo atender el virus, ventajas con las que no contaba el continente cuando los primeros pacientes de COVID-19 empezaron a llenar las unidades de cuidados intensivos.

Sin embargo, tras más de cuatro meses de epidemia sostenida, Estados Unidos está a punto de alcanzar los 5 millones de contagios confirmados, de lejos la cifra más alta del mundo. Las autoridades sanitarias creen que la cifra real será más cercana a 50 millones, dadas las limitaciones en la realización de pruebas diagnósticas y el hecho de que hasta el 40% de los casos son asintomáticos.

“Los italianos siempre vimos a Estados Unidos como modelo”, dijo Massimo Franco, columnista del diario Corriere della Sera. “Pero con este virus hemos descubierto un país muy frágil, con mala infraestructura y un sistema de salud pública inexistente”.

El ministro italiano de Salud, Roberto Speranza, no ha evitado criticar a Estados Unidos, declarando oficialmente como “errónea” la decisión de Washington de retener el financiamiento a la Organización Mundial de la Salud y expresando su sorpresa por la gestión del presidente, Donald Trump.

Estados Unidos lidera la lista de fallecidos con 160.000 personas, los casos siguen subiendo y la resistencia a las mascarillas se ha convertido en una cuestión política. Ante esa situación, los países europeos han prohibido la entrada de turistas estadounidenses y visitantes de otros países con casos en alza.

Francia y Alemania han impuesto pruebas diagnósticas obligatorias para los viajeros llegados de países “de riesgo”, como Estados Unidos.

“Soy muy consciente de que esto infringe la libertad individual, pero creo que es una intervención justificable”, dijo el ministro alemán de Salud, Jens Spahn, al anunciar la medida la semana pasada.

En Europa también se cometieron errores, desde demorar las cuarentenas a protección insuficiente para las residencias de ancianos o un desabastecimiento crucial de material para pruebas diagnósticas y de equipo de protección para personal médico.

El virus sigue propagándose en algunos países de los Balcanes, y este mes miles de manifestantes sin mascarillas pidieron en Berlín que se suspendieran las restricciones asociadas al virus.

La afectada España, Francia y Alemania sufren rebrotes con un millar de casos nuevos al día, y los nuevos contagios en Italia pasaron de 500 el viernes. Gran Bretaña sigue registrando unas 3.700 infecciones nuevas al día, y algunos científicos dicen que los apreciados pubs del país podrían tener que cerrar de nuevo para que reabran las escuelas en septiembre sin causar una nueva oleada.

En Estados Unidos, los casos nuevos rondan los 54.000 diarios, una cifra inmensamente mayor incluso teniendo en cuenta su población. Y aunque ha bajado de los 70.000 diarios del mes pasado, los casos siguen subiendo en casi 20 estados, y las muertes aumentan en la mayoría.

En cambio, al menos por ahora, Europa parece tener el virus más o menos controlado.

“Si se hubiera dejado a trabajar a los profesionales médicos en Estados Unidos, habrían llegado a un punto de controlar esto en marzo”, dijo Scott Lucas, profesor de estudios internacionales en la Universidad de Birmingham, Inglaterra. “Pero, por supuesto, no se permitió que los profesionales médicos y de salud pública actuaran sin trabas”, dijo refiriéndose a las frecuentes intervenciones de Trump en contra de sus propios expertos.

Cuando el virus llegó a Estados Unidos, Trump y sus seguidores lo tacharon rápidamente de “bulo” o afirmaron que desaparecería con el clima veraniego. En un momento dado, Trump sugirió que la luz ultravioleta o inyectar desinfectantes acabaría con el virus. Más tarde dijo que bromeaba.

Las frecuentes quejas de Trump sobre el doctor Anthony Fauci han provocado titulares en Europa, donde el experto estadounidense en enfermedades infecciosas es una eminencia respetada. El hospital italiano que lidera la lucha contra el COVID-19 ofreció un empleo a Fauci en caso de que Trump le despidiera.

Francia y Alemania han impuesto pruebas diagnósticas obligatorias para los viajeros llegados de países “de riesgo”, como Estados Unidos.

“Soy muy consciente de que esto infringe la libertad individual, pero creo que es una intervención justificable”, dijo el ministro alemán de Salud, Jens Spahn, al anunciar la medida la semana pasada.

En Europa también se cometieron errores, desde demorar las cuarentenas a protección insuficiente para las residencias de ancianos o un desabastecimiento crucial de material para pruebas diagnósticas y de equipo de protección para personal médico.

El virus sigue propagándose en algunos países de los Balcanes, y este mes miles de manifestantes sin mascarillas pidieron en Berlín que se suspendieran las restricciones asociadas al virus.

“Si se hubiera dejado a trabajar a los profesionales médicos en Estados Unidos, habrían llegado a un punto de controlar esto en marzo”, dijo Scott Lucas, profesor de estudios internacionales en la Universidad de Birmingham, Inglaterra. “Pero, por supuesto, no se permitió que los profesionales médicos y de salud pública actuaran sin trabas”, dijo refiriéndose a las frecuentes intervenciones de Trump en contra de sus propios expertos.

Cuando el virus llegó a Estados Unidos, Trump y sus seguidores lo tacharon rápidamente de “bulo” o afirmaron que desaparecería con el clima veraniego. En un momento dado, Trump sugirió que la luz ultravioleta o inyectar desinfectantes acabaría con el virus. Más tarde dijo que bromeaba.

Las frecuentes quejas de Trump sobre el doctor Anthony Fauci han provocado titulares en Europa, donde el experto estadounidense en enfermedades infecciosas es una eminencia respetada. El hospital italiano que lidera la lucha contra el COVID-19 ofreció un empleo a Fauci en caso de que Trump le despidiera.

Trump ha defendido la gestión de su país y culpado a China, donde el virus se detectó en un principio, de los problemas de Estados Unidos, afirmando que sus cifras de afectados son muy altas porque se hacen muchas pruebas. Los partidarios de Trump y los estadounidenses que se niegan a llevar mascarillas en contra de todas las recomendaciones médicas apoyan ese argumento.

“No hay motivo para tener miedo de ninguna enfermedad que haya por ahí”, dijo Julia Ferjo, madre de tres hijos en Alpine, Texas, que dijo oponerse “con vehemencia” a llevar mascarilla. Ferjo, de 35 años, es instructora en un gran gimnasio en el que no permite a los asistentes llevar mascarillas.

“Respirando tan fuerte, me desmayaría”, dijo. “No quiero que la gente caiga como moscas”.

El doctor David Ho, director del Centro de Investigación Aaron Diamond contra el sida del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, que lidera un equipo que busca tratamiento para el COVID-19, condenó esa clase de comportamientos, así como la gestión del virus en el país.

“No hay estrategia nacional, no hay liderazgo nacional y no se insta al público a actuar al unísono y cumplir las medidas juntos”, dijo. “Eso es lo que hace falta, y lo hemos abandonado por completo como nación”.

Cuando hace videollamadas con colegas de todo el mundo, señaló, “Nadie se puede creer lo que ve en Estados Unidos, ni se puede creer las cosas que dicen los líderes”.

Incluso la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha dado el inusual paso de criticar a Estados Unidos al instar a Washington a reconsiderar su decisión de romper lazos con la OMS. También hizo una crítica velada a los esfuerzos estadounidenses por reservar partidas de cualquier vacuna que pueda resultar efectiva, prometiendo que la UE trabajaría para conseguir acceso a todo el mundo “independientemente de dónde vivan”.

Muchos europeos señalan con orgullo a sus sistemas nacionales de seguridad, que no sólo hacen pruebas, sino que tratan gratis a los pacientes del virus, a diferencia del sistema estadounidense, donde la crisis ha exacerbado las desigualdades raciales y de ingresos para acceder a atención sanitaria.

“El coronavirus ha dejado brutalmente al descubierto la vulnerabilidad de un país que llevaba años en declive”, escribió el autor italiamo Massimo Gaggi en su nuevo libro “Crack America” (“Estados Unidos rotos”) sobre problemas estadounidenses muy anteriores al virus.

Gaggi dijo que empezó a escribir su libro el año pasado, y pensó que el título se interpretaría como un provocador toque de atención. Entonces llegó el virus.

“Para marzo el título ya no era una provocación”, dijo. “Era evidente”.

Expertos critican a EEUU por acaparar medicamento

Expertos de salud criticaron el miércoles a Estados Unidos por acaparar casi todo el suministro global de remdesivir, el único medicamento con licencia hasta ahora para tratar el COVID-19 y advirtieron que ese tipo de comportamiento fija un peligroso precedente para los esfuerzos mundiales de compartir los escasos tratamientos en medio de la pandemia.

El gobierno estadounidense anunció el martes que el presidente Donald Trump había conseguido un “excelente acuerdo” para comprar el fármaco producido por Gilead Sciences para el mercado estadounidense. El departamento de Salud dijo que Trump aseguró 500.000 tratamientos de la sustancia hasta septiembre, lo que representa 100% de la capacidad de producción de Gildead en julio y 90% de su capacidad en agosto y septiembre.

“El gobierno de Trump está haciendo todo lo posible para aprender más sobre terapias para salvar vidas del COVID-19 y garantizar el acceso a esas opciones para el pueblo estadounidense”, dijo el departamento en una declaración.

Pruebas iniciales de remdesivir con pacientes hospitalizados con COVID-19 encontraron que aquellos que recibieron el medicamento se recuperaron más rápidamente que quienes no lo recibieron. Esa el único medicamento con licencia en Estados Unidos y la Unión Europea para tratar a enfermos con síntomas graves de la enfermedad.

Ohid Yaqub, un académico en la Universidad de Sussex, dijo que se trata de “una noticia decepcionante”.

“Eso indica claramente una falta de voluntad para cooperar con otros países y el efecto desalentador que eso tiene en los acuerdos internacionales sobre derechos de propiedad intelectual”, dijo en una declaración.

El doctor Peter Horby, que está a cargo de una prueba clínica grande de varios tratamientos para el virus, dijo a la BBC que se necesita “una estructura más fuerte” para garantizar precios justos y acceso a medicinas clave para las personas y naciones de todo el mundo. Dijo que, como compañía estadounidense, Gilead probablemente está “bajo ciertas presiones políticas localmente”.

El vocero del primer ministro británico Boris Johnson declinó criticar a Estados Unidos por la decisión, pero dijo que el Reino Unido tiene una reserva de remdesivir, aunque no especificó cuánto.

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Ex presidente Obama llama a continuar con las protestas

El ex presidente estadounidense Barack Obama alentó ayer miércoles a los jóvenes que han liderado las protestas por la violencia contra los afroamericanos a continuar para asegurarse de que producen cambios, y opinó que el movimiento refleja un “cambio de mentalidad” inédito en la historia del país.

“La mayoría de los estadounidenses creen que las protestas están justificadas. Eso no habría pasado hace 40 o 50 años. Hay un cambio de mentalidad que está sucediendo, un mayor reconocimiento de que podemos hacer las cosas mejor“, dijo el que fue el primer presidente afroamericano de EEUU en una charla organizada por su fundación.