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Warnock gana en Georgia y acerca el control del Senado a los demócratas

Georgia vuelve a hacer historia. Si en noviembre eligió al candidato presidencial demócrata, Joe Biden, por primera vez después de décadas votando republicano, esta vez eligió a un senador afroamericano, Raphael Warnock. El escaño acerca al Partido Demócrata al control del Senado, que se decidirá en la otra carrera de Georgia entre el republicano David Perdue y el demócrata Jon Ossoff.

Warnock derrotó a la senadora republicana Kelly Loeffler en los comicios de segunda vuelta en el estado, según las proyecciones de los principales medios de comunicación.

“Esta noche, demostramos que con esperanza, trabajo duro y la gente a nuestro lado, todo es posible”, dijo Warnock a sus seguidores en un discurso virtual difundido por varios medios. Su oponente aún no ha admitido la derrota.

Según las proyecciones de los diversos medios sobre el escrutinio, cuando ya se ha contado más del 97 % de los sufragios, el demócrata habría superado el 50% de los votos y llevaría una ventaja de más de 30 mil sobre su oponente.

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El Senado depende de un solo puesto

Si los demócratas conquistan también el otro asiento que está en juego en las elecciones, tomarán las riendas del Senado, que ahora controlan los republicanos, lo que facilitará los dos primeros años de Gobierno al presidente electo, Joe Biden, que llegará al poder el 20 de enero.

Warnock, un reverendo de 51 años, será el primer senador negro que representa a la sureña Georgia en la historia del país, después de haber sido pastor de una iglesia de Atlanta en la cual predicó el líder de los derechos civiles Martin Luther King, asesinado en 1968.

Todavía no hay proyecciones definitivas sobre qué pasará con el otro escaño en juego en las elecciones, el que ahora controla el senador republicano David Perdue, y el escrutinio muestra una contienda muy ajustada contra el otro candidato demócrata, Jon Ossoff.

En caso de que ganen los dos candidatos demócratas, el Senado quedará dividido en 50 escaños de un partido y otros 50 del otro, pero la vicepresidenta electa, Kamala Harris, podría romper cualquier posible empate, dado que su nuevo cargo implica ser también la presidenta de la Cámara Alta.

En ese caso, Biden tendrá mucho más fácil aprobar a los candidatos para su gabinete e impulsar sus prioridades legislativas, dado que en muchos casos basta una mayoría simple de 51 votos para aprobar o impedir un cambio en el Senado, y los demócratas ya controlan la Cámara Baja.

¿Cometió delito Trump en la polémica llamada en la que presionó el cambio en el resultado elecotoral en Georgia?

“Lo único que quiero hacer es esto. Solo quiero encontrar 11.780 votos, que es uno más de los que tenemos porque ganamos el estado”.

Estas palabras de Donald Trump resumen uno de los últimos intentos del presidente de Estados Unidos por revertir los resultados de las elecciones del pasado 3 de noviembre, en este caso los del estado de Georgia, que dieron como ganador a su rival, el demócrata Joe Biden.

El mandatario las pronunció el sábado durante una conversación telefónica de más de una hora de duración con el secretario de Estado de Georgia, el republicano Brian Raffensperger, y representantes legales, cuyo contenido fue difundido este domingo por el diario The Washington Post.

En la grabación se puede escuchar cómo Trump presiona a Raffensperger insistiendo en que ganó las elecciones en Georgia y diciendo que no hay nada malo en decir que se han “recalculado” los votos.

En otro momento, el presidente amenaza al funcionario con posibles consecuencias legales.

“Sabes lo que hicieron y no lo estás denunciando. Eso es un delito. No puedes permitir que eso suceda. Es un gran riesgo para ti y para Ryan, tu abogado”, dice Trump.© Getty Images En Georgia ha habido una auditoria y varios recuentos de los votos, sin que cambie el resultado.

Las críticas a Trump por la llamada han sido generalizadas.

Para la vicepresidenta electa de EE.UU., Kamala Harris, la llamada de Trump fue un “descarado abuso de poder”.

Para el senador demócrata Dick Durbin, el presidente está “desquiciado”, es “peligroso” y su conversación con Raffensperger amerita “una investigación criminal”.

¿Es así? ¿Cometió Trump un delito en su conversación con el secretario de Estado de Georgia?

Los expertos no se ponen de acuerdo.

Si bien una mayoría coincide en que la actitud de Trump fue moralmente condenable o inapropiada, no hay consenso sobre si violó la ley (en el ámbito federal y/o en el estatal).

Los partidarios de acusarlo formalmente de un delito citan el título 52 sección 20511 del Código de EE.UU. que establece que cualquiera que “con conocimiento y voluntad prive, defraude o intente privar o defraudar a los residentes de un estado de un proceso electoral justo e imparcial” está violando la ley.

Otra ley federal establece que es un crimen “conspirar para herir, oprimir, amenazar o intimidar a cualquier persona en el libre ejercicio o disfrute de cualquier derecho o privilegio garantizado por la Constitución o leyes de Estados Unidos”.

A esto se le suma que en Georgia existe una ley estatal que prohíbe que se “solicite, pida, ordene, asedie o intente de cualquier otra manera hacer que otra persona se involucre” en fraude electoral.

“La razón por la que hay una posible ilegalidad es que parece que el presidente está intentando cometer fraude electoral, en ese sentido hay una posible ilegalidad federal y otra estatal”.

Para Greg Woods, profesor de Estudios Judiciales en la Universidad Estatal de San José (California), este caso es comparable al escándalo del Watergate.

“Se da el agravante de que Trump ya fue sometido a un juicio político precisamente por una llamada telefónica, hay un precedente”, apunta Woods en entrevista con BBC Mundo.

Senador de EE.UU. entra en cuarentena días antes de elección clave en Georgia

 El senador republicano de EE.UU. David Perdue entró este jueves en cuarentena por haber estado en contacto con alguien que ha dado positivo por covid-19, algo que complica la campaña de su partido cinco días antes de las elecciones clave en el estado de Georgia.

Perdue es uno de los dos senadores republicanos que buscan la reelección en los comicios de segunda vuelta en Georgia, que se celebrarán el 5 de enero y decidirán qué partido controla el Senado durante los dos primeros años de Presidencia del mandatario electo estadounidense, Joe Biden.

El senador y su esposa han dado negativo por covid-19, pero aún así han decidido aislarse para seguir las directrices de los expertos tras conocer que un miembro de su campaña había dado positivo, informó su equipo en un comunicado.

La noticia complica la campaña para Perdue, que tendrá que dejar de hacer mítines en un momento en el que las encuestas muestran una contienda muy ajustada contra su rival demócrata, Jon Ossoff.

El martes 5 de enero también se juega la reelección la senadora republicana Kelly Loeffler, que compite contra el demócrata Raphael Warnock.

Los republicanos, que serán la oposición de Biden, solo necesitan ganar uno de los escaños que están en juego en Georgia para retener el control del Senado, dado que hasta ahora tienen asegurados 50 de los 100 asientos de la Cámara Alta.

Los demócratas, por su parte, controlan de momento 46 escaños en el Senado, más otros dos que pertenecen a independientes como Bernie Sanders que suelen votar con ellos, por lo que necesitarían ganar los dos asientos de Georgia para controlar el hemiciclo.

Aunque una doble victoria demócrata en Georgia dejaría un Senado dividido en 50 escaños de un color y otros 50 del otro, la vicepresidenta electa, Kamala Harris, podría romper cualquier posible empate, dado que su nuevo cargo implica ser también la presidenta de la Cámara Alta.

Biden conquistó en las elecciones de noviembre el estado de Georgia, tradicionalmente republicano, y se convirtió en el primer demócrata en hacerlo desde que en 1992 lo consiguiera Bill Clinton (1993-2001), pero su margen de victoria fue muy estrecho y está por ver que su partido pueda repetir la hazaña.

El presidente electo hará campaña el próximo lunes en Georgia a favor de los candidatos de su partido, mientras que el mandatario saliente, Donald Trump, también dará un mitin el mismo día en el estado para promover las candidaturas de Perdue y Loeffler.

Mientras, en Washington, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, bloqueó por tercer día consecutivo el intento de los demócratas, respaldado por Trump, de aumentar de 600 a 2.000 dólares los pagos directos a ciudadanos debido a la crisis de la covid-19.

Trump se suma a la lucha republicana por conservar el Senado

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, protagonizará el próximo sábado un acto de campaña en favor de los senadores republicanos David Perdue y Kelly Loeffler, que se jugarán sus escaños en las elecciones especiales de Georgia, el próximo 5 de enero. El Partido Republicano, por su parte, se jugará el mantener el control de al menos una de las cámaras del Congreso.

El evento tendrá lugar a las 19:00 hora local, en la localidad de Valdosta, Georgia, según informó el equipo de campaña de Trump el miércoles, mediante un comunicado.

Junto al presidente en funciones, tomarán la palabra Perdue y Loeffler, dos legisladores que se han visto abocados a una inesperada segunda vuelta en un bastión republicano. En las pasadas elecciones del 3 de noviembre, Perdue se impuso por apenas dos puntos porcentuales al demócrata Jon Ossoff; por su parte, Loeffler perdió por siete frente a Raphael Warnock.

Estos dos escaños se antojan clave de cara a la próxima presidencia puesto que en estos momentos los republicanos cuentan con una mayoría de 50 votos frente a los 48 de los demócratas, por lo que estos dos senadores. En caso de que estos dos sillones caigan en manos de la oposición, el vicepresidente sería el encargado de romper cualquier desempate, por lo que el Partido Demócrata pasaría a controlar el Senado y la Cámara de Representantes.

El apoyo del mandatario podría resultar el empuje definitivo que ambos necesitan; sin embargo, muchos en Washington cuestionan si, por el contrario, no podría resultar contraproducente debido al enfrentamiento que Trump mantiene con algunos importantes funcionarios republicanos del estado a cuenta de las elecciones presidenciales.

Trump rechaza las proyecciones que señalan que el demócrata Joe Biden será el próximo inquilino de la Casa Blanca y alega, sin aportar pruebas, que las elecciones fueron “amañadas” y ha emprendido una cruzada legal con el objetivo de revertir el resultado.

Biden consigue gana en Georgia y Arizona y sigue sumando colegios electorales

El resultado final de las elecciones presidenciales de Estados Unidos celebradas el pasado 3 de noviembre es de 306 votos electorales para el demócrata Joe Biden y 232 para el presidente republicano Donald Trump. Las últimas proyecciones de los grandes medios llegaron entre el jueves por la noche y este viernes a mediodía (hora estadounidense) en los tres Estados que quedaban por adjudicar, donde las diferencias han sido mínimas. Trump es el décimo presidente en la historia en perder la reelección y el primero en este siglo.

Nueve días después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, este jueves por la noche todos los grandes medios estaban por fin en condiciones de proyectar matemáticamente la victoria de Joe Biden en el Estado de Arizona. El margen es mínimo, un 0,36%, que se traducía en apenas 11.000 votos de diferencia de un total de 3,3 millones. Sin embargo, los modelos matemáticos de NBC, CNN y The New York Times consideraron que la tendencia hace imposible que Donald Trump pueda darle la vuelta al resultado. Associated Press, The Wall Street Journal y Fox News dieron Arizona a Biden la misma noche de las elecciones, pero el estrechísimo margen de votos había evitado el consenso hasta ahora.

El viernes a mediodía, los mismos modelos de proyección daban finalmente la victoria a Biden en Georgia por apenas el 0,3% de los votos y a Trump en Carolina del Norte con un 1,3% de ventaja. Los Estados ya están certificando estos días sus elecciones y acabarán de hacerlo el próximo día 10 de diciembre. La victoria final de Biden deja un mapa en el que los demócratas han dado la vuelta nada menos que a cinco Estados ganados por Trump en 2016: Michigan, Wisconsin, Pensilvania, Georgia y Arizona. Además, Biden ha sacado más de cinco millones de votos más que Trump.

Las aspiraciones de Trump de llevar el resultado a los tribunales, o de convencer a los estadounidenses de que ha sido una elección ajustada que ha caído del lado demócrata debido a malas artes, se alejaron casi definitivamente este viernes ante la vista del mapa definitivo. Biden no solo ha recuperado la llamada muralla azul de los Estados industriales del Medio Oeste, cuya base sindical había sido leal a los demócratas hasta que llegó Trump. Además ha dado la vuelta, aunque sea por la mínima, a dos Estados tradicionalmente republicanos, una victoria que envían señales preocupantes sobre el futuro del partido de Trump.

Joe Biden es el primer demócrata que gana en Arizona desde 1996. Aquel año, Bill Clinton se adjudicó el Estado tradicionalmente republicano, hogar de Barry Goldwater, pero fue porque un tercer candidato dividió el voto republicano. Antes de Clinton, Arizona no votaba por un demócrata desde Harry Truman en 1948. En el caso de Georgia, ese Estado sureño no votaba demócrata desde Clinton en 1992, y básicamente por el mismo fenómeno de división del voto conservador. Antes de eso, Georgia había votado al demócrata Jimmy Carter (1976 y 1980), porque era senador por ese Estado. El sur de Estados Unidos dejó de votar demócrata a partir de los años 60.

La victoria de Biden en Arizona tiene un especial significado. Se trata de un objetivo de los demócratas desde hace una década, cuando a través de organizaciones de inmigrantes y sindicatos comenzaron a registrar y movilizar masivamente a una población mexicoamericana que hasta entonces había vivido marginada de la política. Hoy, el electorado latino alcanza los casi 1,2 millones, el 23% del censo electoral de Arizona, un porcentaje superior a Nevada o Colorado.

Aparte del voto mexicoamericano, Biden ha contado con la ayuda, aún por cuantificar, de un sector republicano que rompió con Trump por sus insultos al senador John McCain, verdadero mito político en Arizona. Desde el verano, se podían ver en Phoenix carteles de “republicanos por Biden”, un fenómeno de rechazo al presidente que no se ha dado tan abiertamente en otros Estados. La propia viuda del senador, Cindy McCain, la matriarca del Partido Republicano de Arizona, apoyó públicamente a Biden, ha hecho campaña por él y es miembro de su equipo de transición. Biden y McCain eran amigos en el Senado.

Arizona era, además, la última joya republicana del Oeste, donde todos los Estados con cierto peso de población han ido cayendo del lado demócrata en una tendencia consistente desde hace 25 años. La población latina, joven y urbana hizo demócrata California en el cambio de siglo, y después el fenómeno se fue repitiendo en Nevada y Colorado. Con Arizona, que no había votado demócrata en este siglo, cae una de las piezas más preciadas de los republicanos en el Oeste. Ni Nevada, ni Colorado, ni California han vuelto atrás después de votar demócrata.

En Georgia, Biden ha conseguido una victoria histórica gracias a años de movilización del voto afroamericano. La principal responsable de organizar a esa comunidad ha sido Stacey Abrams. Tras su intento fallido por ser gobernadora en 2018, Abrams inició el movimiento que ha cimentado una victoria demócrata de la que ambos partidos van a sacar lecciones.

A la victoria de Biden en Arizona se suma además la del astronauta Mark Kelly, que se presentaba al Senado como demócrata y que ganó su escaño por un margen mayor que Biden. Arizona no tenía dos senadores demócratas a la vez desde los años 50. Kelly tomará posesión a finales de noviembre, pues sustituye a la republicana Martha McSally, que no fue electa, sino que fue designada por el gobernador para ocupar el escaño de John McCain. Ahora, lo ocupará un demócrata.

En Georgia, la movilización demócrata ha permitido aspirar a los dos escaños del Senado por ese Estado. Los candidatos demócratas no han ganado, pero han conseguido forzar segundas vueltas que se celebrarán el próximo 5 de enero. Gracias a eso, y a las victorias en Arizona y Colorado, el control republicano del Senado está en el aire.