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Biden firma nuevas órdenes ejecutivas en materia migratoria

El presidente Joe Biden firmó ayer una segunda serie de órdenes ejecutivas para revertir las políticas migratorias de su predecesor, poniendo de relieve tanto los poderes de la Casa Blanca como sus limitaciones sin el respaldo del Congreso.

Los decretos del martes, relativos a la separación de familias, seguridad fronteriza e inmigración legal, elevan a nueve el número de acciones ejecutivas de Biden en materia migratoria en sus primeras dos semanas en la presidencia.

Con una propuesta de ley para otorgarles estatus legal y una vía a la naturalización a cerca de 11 millones de personas, Biden apunta a muchos cambios radicales que implementó el presidente Donald Trump para desalentar la inmigración, y ha establecido un proyecto que posiblemente permanezca después que haya dejado el cargo, si obtiene apoyo en un Congreso sumamente dividido.

Biden revirtió algunas de las medidas de Trump y estableció las bases para derogaciones de mayor alcance, dependiendo del resultado de las revisiones que se llevarán a cabo en los próximos meses.

“No estoy creando nuevas leyes. Estoy eliminando las malas políticas”, dijo Biden durante la ceremonia de firma de las órdenes, en la que no respondió a preguntas de la prensa.

La difícil reunificación familiar

Alejandro Mayorkas, cuya nominación como secretario de Seguridad Nacional fue confirmada en el Senado el martes, encabezará a un equipo que abordará la separación de familias migrantes, enfocado en gran parte en reunir a padres y menores que siguen separados.

No está claro cuántos, pero en documentos oficiales se ha identificado a casi 5.500 menores que fueron separados de sus padres en la frontera durante la presidencia de Trump, incluidos unos 600 que no han sido localizados por una comisión designada por un tribunal.Volume 90%Ver el video42:36

A fondo – El legado tóxico de Trump: ¿logrará Biden el cambio?

“Vamos a trabajar para enmendar la vergüenza moral y nacional del gobierno anterior”, dijo Biden.

La revisión examinará la posibilidad de otorgar estatus legal en el país a los miembros de las familias que fueron separadas y brindarles servicios de salud mental.

Biden pidió una “estrategia gradual para el ingreso seguro y ordenado a Estados Unidos” de aquellos que ya se inscribieron pero continúan esperando en México a que un juez decida sus casos.

Roberta Jacobson, asesora de Biden en materia fronteriza, pidió el viernes a la prensa de habla hispana que desalentaran a sus audiencias de presentarse en la frontera de EE.UU. “Ahora no es el momento”, dijo en español, y añadió que el viaje “es especialmente peligroso ahora en medio de una pandemia.

Ataques e insultos reciben a venezolanos que huyen de la miseria

El mes pasado, en un autobús en Bogotá, la capital de Colombia, hombres armados con cuchillos amenazaron a los pasajeros venezolanos. En Guayaquil, Ecuador, estalló una batalla con palos entre vendedores locales y venezolanos en las aceras. En la Trinidad de habla inglesa, los venezolanos evitan hablar español en público.

La caída de Venezuela al hambre y al caos ha generado tensión en la región durante varios años, y cada mes miles de venezolanos salen del país para refugiarse en países cercanos. Pero ahora que el número de venezolanos en el exilio alcanza los 5,4 millones, la devastación de la pandemia está aumentando el nivel de hostilidad hacia los recién llegados.

En un momento en que Joe Biden comienza su presidencia prometiendo cambiar la política hacia Latinoamérica, se enfrenta a una crisis de refugiados de proporciones sin precedentes que está causando nuevos disturbios sociales. Sanciones impuestas por la Administración Trump para derrocar al presidente Nicolás Maduro aumentaron la miseria de los venezolanos comunes que siguen saliendo del país con la esperanza de un nuevo comienzo.

Eso es preocupante para aliados de Estados Unidos, como Colombia y Perú, mientras luchan por recuperarse de las peores caídas económicas de sus historias.

La agencia de estadísticas de Colombia dijo el año pasado que solo un 71% de los hogares come tres comidas al día, en comparación con el 89% antes de la pandemia. Mientras tanto, unos 600 venezolanos cruzan a Colombia todos los días, según la Organización de Estados Americanos.

La actitud inicial “generosa y humana” de Colombia hacia el éxodo está dando cada vez más paso a la xenofobia a medida que los servicios sociales están bajo presión, dijo Gabriel Silva, exembajador en Washington.

Eso describe la experiencia de Ubaldina Camacho, una empleada de limpieza que llegó a Bogotá en 2017 desde Venezuela (donde se crió, aunque nació en Colombia). El mes pasado, estaba en un autobús de regreso a su casa después del trabajo cuando dos hombres, uno con un cuchillo, exigieron saber quién era venezolano. Gritaron que los venezolanos se estaban apoderando del país.

Avanzaron por el pasillo y cortaron el brazo a una mujer que intentó escapar. Camacho pudo bajarse en la siguiente parada.

En otros países, tensiones similares están aumentando.

Emily, de 26 años, huyó de Venezuela a Trinidad en 2018 en un barco con su hijo de dos años y otras 38 personas. Tras luchar contra los mares agitados y quedarse sin combustible, desembarcaron en una playa patrullada por la policía. Emily, quien pidió no publicar su apellido, fue separada de su hijo y detenida.

Unos abogados de derechos humanos la ayudaron a encontrar a su hijo y obtener asilo. Ella dice que muchas personas, incluida la policía, hostigan a su familia, por lo que evitan hablar español fuera de su casa.

“Te miran como si fueras un animal”, dijo.

Perú, Ecuador y Colombia han experimentado el mayor deterioro en la actitud hacia los migrantes, según una encuesta realizada en más de 140 países publicada el año pasado por Gallup. Incluso la alcaldesa progresista de Bogotá, Claudia López, quien se había comprometido a combatir la exclusión y el racismo, dijo el año pasado: “yo no quiero estigmatizar, ni más faltaba, a los venezolanos, pero hay unos inmigrantes metidos en criminalidad que nos están haciendo la vida a cuadritos”.

El número exacto de refugiados venezolanos no está claro, en parte porque los países han cambiado sus metodologías de seguimiento y en parte porque al comienzo de la pandemia algunos volvieron a sus hogares en Venezuela y ahora están regresando a medida que las condiciones se deterioran. Pero los datos oficiales muestran que hace poco más de un año había 4,6 millones de venezolanos en el exilio y ahora son 5,4 millones.

La economía de Venezuela se ha contraído en aproximadamente 64% durante una depresión de ocho años. Casi uno de cada tres niños venezolanos es anormalmente bajo de estatura para su edad como resultado de la desnutrición aguda, según un estudio de la Universidad Andrés Bello en Caracas.

Bajo estas condiciones, miles de familias continúan saliendo a pie y es común verlas en las carreteras colombianas mientras caminan a través de los Andes, a menudo con niños pequeños a cuestas.