El presidente Donald Trump intensificó el jueves sus intentos para atraer a su base central de votantes blancos, restándole importancia al legado histórico de la esclavitud en Estados Unidos y denunciando que las iniciativas para lidiar con el racismo sistémico son divisivas.

Los comentarios del mandatario en el 233er aniversario de la firma de la Constitución equivalen a una defensa de la cultura blanca y una crítica a los demócratas, la prensa y otros, a quienes acusó de tratar de adoctrinar a los niños y avergonzarlos por la “blancura” de sus padres.

Alegó también que la fundación de Estados Unidos “puso en marcha una cadena imparable de acontecimientos que abolieron la esclavitud, aseguraron los derechos civiles, derrotaron al comunismo y al fascismo y construyeron la nación más próspera, igualitaria y justa en la historia humana”. Pero no mencionó los 246 años de esclavitud en el país, incluyendo los 89 años en que se permitió que continuase después de que las colonias se declararon independientes de Inglaterra. Ni reconoció la lucha actual contra la injusticia racial y la brutalidad policial, que han motivado meses de protestas este año.

Desde hace tiempo Trump ha favorecido las guerras culturales en el país, incluyendo el defender la bandera confederada y los monumentos en honor a los rebeldes de la Guerra Civil ante manifestantes que buscan sean retirados. Su discurso el jueves deja entrever que su retórica pudiera volverse incluso más incisiva en las últimas semanas antes de las elecciones, dado que su sendero hacia un segundo período depende en gran parte de generar entusiasmo entre los votantes blancos conservadores.