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Familia estadounidense desaparece en México en zona con presencia de narcos

Una mujer de Laredo y sus dos hijos desaparecieron tras unas vacaciones después de visitar a familiares en el municipio de Sabinas Hidalgo, en el estado fronterizo de Nuevo León, una zona con amplia presencia de narcotraficantes informaron las autoridades mexicanas.

Se trata de Gladys Cristina Pérez Sánchez, de 39 años, su hijo Juan Carlos González, de 16, y su hija Michelle Cristina Durán, de 9, quienes fueron vistos por última vez el 13 de junio después de partir de Sabinas Hidalgo, según las investigaciones.

A decir de los primeros datos, la familia desapareció a lo largo de la carretera MonterreyNuevo Laredo mientras viajaban a bordo de un Chevrolet Sonic 2014 amarillo con placas de Texas NBX-4740.

Pérez Sánchez es una conserje del Distrito Escolar Independiente Unido, donde levaba trabajando tres años.

Por su parte, funcionarios de la Oficina Federal de Investigaciones dijeron que, de conformidad con la política del FBI, no podían confirmar ni negar la existencia de una investigación.

“El FBI de San Antonio continúa alentando a los miembros del público a que se comuniquen con el FBI si un amigo o pariente ciudadano estadounidense desaparece en México. Además, también se debe denunciar cualquier comunicación amenazante recibida en Estados Unidos, exigiendo rescate a cambio de la liberación de una víctima secuestrada. Las preocupaciones sobre ciudadanos estadounidenses desaparecidos también deben informarse a la embajada o consulado estadounidense más cercano ”, respondió el FBI sobre el caso.

“Si está preocupado por un familiar o amigo ciudadano estadounidense que está viajando o viviendo en el extranjero, puede comunicarse con la embajada o consulado estadounidense más cercano, o llamar a nuestra oficina de Servicios a Ciudadanos en el Extranjero en Washington, DC al 1-888-407-4747 (desde fuera de los Estados Unidos y Canadá, llame al 202-501-4444) “, detalló la agencia.

Joe Biden releva a Donald Trump en la investidura más tensa desde la Guerra de Secesión

Estados Unidos celebra hoy la transferencia de poderes presidenciales más tensa en 160 años, desde que Abraham Lincoln asumió el cargo rodeado de hombres armados después de que siete estados hubieran declarado unilateralmente la independencia ante el temor de que el nuevo presidente limitara la expansión de la esclavitud hacia los nuevos territorios del Oeste. Cinco semanas después, estalló la guerra civil entre los secesionistas defensores de la esclavitud y los defensores de la unidad nacional opuestos a su expansión. Ése no es el caso de EEUU en 2021. Nadie teme una guerra civil entre los partidarios del presidente saliente, Donald Trump, y el ganador de las elecciones del 3 de noviembre.

En este reporte del periodista Pablo Pardo de El Mundo.com, se señala que la tensión es enorme. De hecho, Lincoln, al menos, tuvo público. Unas 25.000 personas asistieron al acto. Y también tuvo el respeto de su predecesor. El presidente saliente, James Buchanan, cumplió con la tradición y acompañó al presidente electo al Capitolio, el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de EEUU y en el que tiene lugar la ceremonia de jura del cargo o, como se la conoce en Estados Unidos, la inauguración. Buchanan no se había presentado a la reelección. En su lugar, lo había hecho su vicepresidente, John Breckinridge, que, a pesar de su derrota, estaba en el Capitolio esperando al presidente electo. Joe Biden no tendrá nada de eso. Por primera vez desde que George Washington juró el cargo el 30 de abril de 1789 en la ciudad de Nueva York (en un acto en el que el barco de la Armada española Galveston disparó trece salvas en honor del nuevo presidente), no habrá público en la inauguración. El Mall – el gran parque que ocupa el centro de la capital de Estados Unidos, famoso por su presencia en películas de Hollywood – estará totalmente vacío, ante el temor de que los seguidores del presidente saliente lleven a cabo actos violentos como el del 6 de enero, cuando asaltaron el Capitolio, en una acción sin precedentes en la Historia de Estados Unidos en la que murieron cinco personas, entre ellas un policía. Lo único que habrá en el Mall serán 200.000 banderas estadounidenses en homenaje a todas las personas que no han podido acudir a ver la ceremonia.

LOS DOS ESCENARIOS DE LA CEREMONIA

Ese ‘campo de banderas’’ será todo lo que quede de los cientos de miles de personas –el récord, forjado por Barack Obama en 2008, es 1,8 millones– que asisten a estos eventos. Los únicos testigos en carne y hueso de la jura del cargo del cuadragésimo sexto presidente de Estados Unidos serán el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, los congresistas, los embajadores extranjeros y el ‘pool’’ de medios que cubre a diario la Casa Blanca. Todas las demás invitaciones han sido canceladas. Habrá, también, 25.000 soldados con armas de guerra, que ayer concluyeron su despliegue en Washington, una ciudad de apenas 705.000 habitantes, protegiendo el acto. Al menos una docena de ellos fueron ayer relevados de sus funciones después de que el FBI descubriera que son seguidores de la teoría conspiratoria QAnon, que afirma que Trump lucha en solitario contra una red de pederastas que controla el mundo.

OBSTÁCULOS DE PROTECIÓN DEL PERÍMETRO DE SEGURIDAD

Es otro recuerdo de la inauguración de Lincoln cuando, como relató la escritora Julia Taft, que entonces tenía apenas 15 años y estuvo presente en el acto, “en cuanto ocupamos los lugares que nos habían sido asignados, vimos una hilera de francotiradores vestidos con casacas verdes subir al tejado. El rumor era que iban a disparar a cualquiera que se acercara al carruaje del presidente”. En esta inauguración, tampoco estará el presidente saliente, Donald Trump. Es la primera vez que eso sucede desde que en 1841 Martin Van Buren no fue a la jura del cargo de William Henry Harrison. Trump deja Washington a las 8 de la mañana (2 de la tarde hora peninsular de España), justo en el momento en el que comienzan los preparativos para el acto de sucesión. También por vez primera desde que se instauró esta tradición, en 1825,

 Donald Trump y su esposa, Melania, no recibirán en su residencia oficial a su sucesor. Cuando lleguen los Biden, les recibirá el intendente de la Casa Blanca, es decir, la persona encargada del mantenimiento de la residencia oficial. Se llama Timothy Harleth, y ocupa ese cargo desde que en mayo la primera dama, Melania, lo llevó desde el Hotel Trump de Washington. Trump se irá en el Air Force One desde la base aérea de Andrews, en las afueras de Washington. El presidente saliente ha demandado alfombra roja y 21 salvas de honor en su despedida. Pero las Fuerzas Armadas no solo han rechazado esa petición, sino que, encima, han cancelado el acto de despedida que rinden al jefe del Estado desde hace 40 años.

Trump, así, se va sin reconocer su derrota en las urnas, abandonado por los suyos. Anoche no estaba confirmado que el vicepresidente, Mike Pence, fuera a asistir a la marcha de Trump, pero sí que lo haría a la jura de Biden. Y el líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, que había sido uno de los mayores aliados de Trump, declaró que el asalto al Capitolio “fue provocado por el presidente”. Sin embargo, cuatro quintas parte de los 74 millones de estadounidenses que votaron por Trump insisten en que hubo fraude electoral. El resultado es la inauguración más tensa en 120 años.