Tras el fiasco de Afganistán, Alemania debate sobre sus operaciones militares en el exterior

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A Alemania no le gusta hablar de sus fuerzas militares, ni menos emplearlas. Durante décadas, la Bundeswehr no desempeñó operaciones en el exterior, o solo participó en misiones internacionales como apoyo, sin tareas de combate. Por primera vez, asumió otro papel en 1999, al unirse a los aliados de la OTAN en Kosovo, tras una larga discusión política interna.

Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos invocó por primera vez el artículo 5 de la OTAN, que contempla la defensa común cuando uno de sus integrantes es atacado. Y Alemania asumió sus obligaciones derivadas del tratado.

La misión de Afganistán

Numerosos soldados alemanes prestaron servicio en Afganistán: 150.000, de acuerdo con el Ministerio alemán de Defensa. El costo fue de 59 vidas y cerca de 12.500 millones de euros, en operaciones de combate y entrenamiento.

20 años más tarde, casi nada queda de esa operación militar en el extranjero, la más larga y peligrosa en que haya participado la República Federal de Alemania.

De acuerdo con el Ministerio de Defensa, el Ejército alemán participa en 11 misiones en el exterior, en tres continentes, que involucran a unos 2.500 soldados. Tiene presencia en Irak, Líbano, el Mediterráneo y ante las costas de Somalia, entre otros lugares. Y aunque todas conllevan cierto riesgo, solo pocas incluyen tareas de combate y la mayoría se desarrolla en un marco internacional o de la ONU.

Por ese motivo, hay pocas razones para pensar que la experiencia de Afganistán pueda tener un impacto significativo en ellas, indica Sebastian Schulte, editor en jefe de

Griephan, una publicación dedicada a temas de seguridad. “Cada operación en que participa la Bundeswehr tiene sus propios objetivos”, explica. Y subraya que “ninguna operación actual es como la de Afganistán”.

Una misión marítima para detener piratas, por ejemplo, “no es comparable” con la de restablecer la seguridad en Mazar-e-Sharif, en el norte de Afganistán, explica.

Problemas en Mali

Lo que más se acerca es la misión alemana en Mali, en el oeste de África. Allí, más de la mitad de las fuerzas germanas desplegadas forma parte de misiones de resguardo de paz o de entrenamiento, con la ONU y la Unión Europea, respectivamente. Pero varios miles de soldados franceses son responsables de operaciones de combate y también uniformados alemanes han sido heridos en ataques.

Mali ha sido escenario de inestabilidad política y violencia insurgente durante años. El Parlamento alemán aprobó inicialmente el envío de 150 soldados para sumarse a la misión de resguardo de la paz de la ONU, en 2013. El mandato ha sido renovado varias veces, la última en mayo, ahora con 1.100 soldados.

“Corresponde a nuestro interés que Mali se siga estabilizando y desarrollando, pero no solo en lo militar”, dijo a DW Klaus Wittmann, un general en retiro. “Pero se necesitan metas más claras y criterios sobre el “éxito’ o ‘progreso’, así como una continua evaluación de objetivos”.

Las lecciones de Afganistán

Ya antes de la debacle de Afganistán, la misión en Mali despertaba en Alemania temores acerca de la falta de avances políticos y la debilitada situación de seguridad en ese país.

Ahora, el tema será sometido a un más amplio escrutinio. “Tenemos que aprender las lecciones (de Afganistán)”, dijo la ministra alemana de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, al periódico Rheinische Post.

Dejar de lado todo compromiso militar sería la conclusión equivocada, según el político Cem Özdemir, del partido de Los Verdes. Una intervención armada puede ser necesaria, en casos de crímenes contra la humanidad, dijo a una emisora alemana. Y citó como ejemplo la necesidad de actuar en la década de los 90 contra las limpiezas étnicas en los Balcanes o el genocidio en Ruanda. “Sí a una revisión crítica, pero un rechazo completo de misiones en el extranjero no es la lección correcta”, opinó.

La política exterior y de defensa no suele jugar un papel preponderante en las elecciones alemanas. Pero eso podría cambiar esta vez, en vista de lo ocurrido en Afganistán, a pocas semanas de los comicios. Schulte considera que esta coincidencia temporal, “hablando cínicamente, es una buena cosa; fuerza a los candidatos a la cancillería a discutir seriamente sobre las capacidades militares de Alemania”.

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